Empezando con mal pie

Cuando pensé en hacer un descanso activo lo cierto es que estaba convencido de ello. Ahora mismo quizás me inclino a pensar que me equivoqué o que descanse más de lo debido. Por una causa o por otra el miércoles pasado terminé el primer entrenamiento de esta nueva temporada con sensaciones francamente malas. Mientras el resto del grupo iba volando yo tuve que parar porque las pulsaciones se estaban disparando y me estaba entrando flato. Al día siguiente las piernas estaban muy fatigadas y acusé bastante el cansancio del entrenamiento. 

Para colmo este fin de semana me he dejado caer por urgencias debido a un pinchazo fuerte a la altura de las costillas que me impedía respirar profundo. Así pues desde el pasado miércoles no he vuelto a calzarme las zapatillas. Quiero pensar que esto es una mera anécdota y que dentro de dos semanas el entrenamiento que hagamos con el equipo irá mejor, pero la realidad es que a día de hoy debo mostrarme muy escéptico y dubitativo en relación con lo que quiero hacer en la próxima carrera de las aficiones.

Espero poder coger forma lo antes posible pero ahora mismo me veo demasiado lejos del punto donde debería estar. El objetivo de la temporada es el Maratón de Sevilla en febrero del año que viene, l pero sí que es verdad que quería aprovechar el perfil favorable de la carrera de las aficiones para intentar conseguir un 38, cosa que ahora veo complicada pero no imposible. Intentaré descansar más y en 2/3 días espero poder volver a ponerme las zapatillas y recuperar mi ritmo de entrenamientos normal.


Jose Noblejas 
Enviado de Samsung Mobile

Y de postre...un 39!

Me apunté a la carrera norte/sur porque pensé que sería un buen colofón intentar ir a conseguir el sub40. Había sido una temporada genial, dos MMP, un maratón completado con cierto éxito…y ahora se abría la oportunidad de ponerle la guinda al pastel. Bien es cierto que aunque me notaba preparado empezaba a tener muchos problemas con los tibiales, se me cargaban horrores y gracias a los baños de agua fría creo que conseguí mantenerlos a raya. Mi mujer se debe pensar que estoy mal de la cabeza, porque llegaba de entrenar, llenaba la bañera y le echaba trozos de hielo (colapsé el congelador con tuppers llenos de agua). Gracias a ellos mis piernas llegaron a tono para la carrera, bueno…gracias a ellos y a los trabajos de los fisios, porque sin esas manitas no hubiera aguantado tanto tute.

Empecé a ver que los entrenamientos iban de categoría, las series salían bien, los rodajes los hacía entorno a 4.35 de media…raro raro. Muchas veces pensé “esta racha la aprovecharé hasta que me rompa” pero el caso es que no me rompí, me volví más fuerte.

A una semana de la carrera recibí una mala noticia, mi padre caía lesionado. No tenía importancia, una microrutura en el isquio, pero lo suficiente para no ponerse el dorsal. Ese día estuve aturdido, esa noticia no quería ni haberla imaginado, pero supongo que este deporte es así. Tal como le dije a él “los buenos momentos se viven fácil y los malos son los que nos hacen más fuertes”. Lo afrontó con optimismo, otra cosa que está consiguiendo el running, porque tanto mi padre como yo, eso del optimismo lo llevábamos torcido, y este deporte nos ha ayudado a centrarnos más en las ventanas abiertas que en las puertas cerradas.

El domingo a las 8 nos recogía mi padre en mi casa. Damián y Mario nos acompañaban, yo iba ya nervioso, propio en mi en las citas importantes. A Damián le vi hiper tranquilo, vi en sus ojos esa mirada de “lo voy a conseguir”, transmitía seguridad. Mi padre estaba casi más nervioso que yo!! Creo que también era consciente de que tenía una gran oportunidad de cerrar una temporada difícil de superar.

Calentamos por la zona y a las 8.50 estábamos ya bien colocados en la salida. Dan el pistoletazo y salimos, salida limpia, los codazos normales de siempre y en breve estamos a la velocidad que queríamos y sin muchos problemas de espacio alrededor. Oscar sale escopetado, y eso que ya había sido amenazado por Damián, pero se veía bien, fuerte y decidió ir a por todas.

Oscar Gacela, Damián y yo avanzamos en grupo. Se me meten por medio algunos corredores y me distancio un poco. Les tengo a tiro pero tengo dificultades para cogerles. Decido no centrarme en esa distancia que me separa de ellos y dedicarme a ir al ritmo que quería. Voy bien, las piernas responden. Debo decir que el día antes las notaba pesadas, llevaba unos días sin dormir muy allá y temí que me pasara factura, pero por suerte no tuve nada que lamentar. Oscar Gacela acudió a la cita con problemas y por desgracia tuvo que retirarse, me dio mucha pena verle echarse a un lado, el grupo que formamos es realmente bueno y hemos congeniado de maravilla, de verdad que sentí que tuviera que abandonar. Por suerte se está recuperando muy bien y en breve estará dando guerra de nuevo.

Tengo a Damián a tiro, pero no puedo apretar para cogerle. El tio va fuerte y a ritmo, la distancia que nos separa es la misma kilometro a kilometro. Llego a la altura de Rubén Dario y me alcanza mi amigo Alberto!! Qué sorpresa! Me dio un subidón. No pude charlar (por razones obvias) pero me alegré mucho de verle. Vi que se aproximaba la cuesta de Rubén Dario y aceleré. Cuando me di cuenta vi que tenía que dar la vuelta abajo en un metro cuadrado, era un giro de 180 grados que me iba a frenar mucho, me agarro a una señal de tráfico, aprieto los dientes y subo…tela, llevo la respiración con dificultad pero las patas van de fábula. Corono la cuesta y aprieto de nuevo. Otra vez bajada y vuelta en Cibeles en otro metro cuadrado. Me acuerdo de la madre que parió al que diseñó el circuito. Me freno un poco en el giro y subo rumbo a la Puerta de Alcalá. A mitad de la cuesta un hombre al que no conocía de nada me dijo “vas de puta madre crack, dale que lo tienes”, le di una palmada en la espalda y tiré. 

Con la Puerta de Alcalá en el bote quedaba el último kilometro. A Damián le sigo teniendo a tiro y veo a Óscar. Damián pasa a Óscar que tiene problemas. Intento apretar pero no puedo, mis piernas no van más. Las pulsaciones las tengo a la altura de Cuenca y estoy como loco por llegar. 500 metros. Veo a mi padre, me lanza unos cuantos gritos y me da ese aliento para afrontar los últimos metros. Giro y me quedan 100 metros, veo el crono, lo tengo. La respiración se dispara, paso por meta…39.52. CONSEGUIDO

No puedo más, veo a Damián que ha hecho un carrerón y nos fundimos en un abrazo. Oscar anda por allí, también ha hecho 39, qué alegría se respira, no se puede describir. Me hago a un lado y me tiro al suelo, necesito descansar y que las pulsaciones bajen un poco. Me recupero y vuelvo al grupo. No puedo estar más contento. Veo a mi padre que esboza una sonrisa enorme cuando le digo que lo he conseguido. Se acerca mi amigo Alberto (Chavales de la Tapia) y tiene el detallazo de darme un abrazo y preguntarme por la marca. Es un gran tío al que veo poquísimo, pero es una persona genial. Ya de camino al coche veo al otro Alberto, ha terminado genial para arrastrar problemas lumbares. Le tiro media botella de agua por encima, la otra media me la tiro yo porque estoy con un calor olímpico. Veo a Alfonso, que no oculta su alegría por la marca que acababa de hacer. “Te mereces una alegría así después de la rachita que has pasado” me dice. Qué gran tio, qué tipo más auténtico y qué pedazo de amigo, su ayuda y compañía con el maratón de Madrid nos unió mucho y hoy tenemos un feeling especial.

No me lo creo, voy al lado de Damián andando y hablamos de lo que hemos hecho este año. Ha sido de cine. El verano pasado hablábamos de bajar de 42 como quien habla de una hazaña bélica. Y mira…sub40. Encima lo conseguimos el mismo día, no creo en casualidades, y sin duda no hubiera podido salir mejor. Durante este año hemos compartido mucho, kilómetros, series, charlas…hemos construido una buena amistad y nos animamos en todos los retos que perseguimos. Conseguir esto el mismo día…ha sido una pasada.

Cuando llegué a casa me zampé unas napolitanas de chocolate, abracé a mi hijo y besé a mi mujer. Seguía sin creérmelo. Me metí en la ducha y fue ahí cuando me rompí, me cayeron unas cuantas lágrimas de felicidad, de emoción, de estar saboreando algo que ha costado muchísimo y que realmente me merecía. Tanto sacrificio, tanto tiempo de series, de llevar al cuerpo al límite, de cuidar mis comidas y mis descansos…todo había tenido su recompensa. Qué instantes más bonitos.

Y ahora, unos días de reposo, que el cuerpo necesita unos días de vacaciones. Pero luego, zapas y a correr. En plan rodaje suave, pero es que no puedo estar sin correr!!! Y en setiembre…a seguir persiguiendo objetivos, me siento vivo, me siento bien y me siento feliz…hay que seguir en este camino porque es realmente apasionante. No dejéis que nadie os diga que no podéis hacer algo, que estáis locos solo por pensar que podéis salir exitosos de una batalla tan dura. No os dejéis aplastar ni que nadie os baje el ego. Sólo nosotros sabemos dónde está nuestra cima y de lo que somos capaces. Y además del placer de conseguirlo está el placer de cerrar bocas, que mola también mucho.

“Los sueños se consiguen cuando se cree en ellos y se trabaja”, gran frase de Chema Martínez que se ha convertido en el slogan de mi dia a dia.


Gracias a todas las personas que me han ayudado a completar una temporada de ole. Se os quiere. 

Villalpando 2014, la conquista de un sueño

Todo hacía presagiar una tarde histórica, ya que el año pasado vivimos una de las experiencias más bonitas que se pueden vivir dentro y fuera del atletismo. Pudimos charlar con el siempre agradable Chema Martínez y empezamos a entablar una amistad con sus hermanos que me enorgullece decir que hoy sigue creciendo.

Cuando llegamos a Villalpando nos encontramos un pueblo que latía por la familia Martínez. A cada paso que dábamos veíamos carteles de la carrera y a todo el mundo hablando de ese evento. Si el año pasado ya nos volvimos a casa impactados este año no iba a ser menos. Pudimos certificar la gran valía humana de los Martínez y hasta qué punto la amistad que nos une es sincera y verdadera. Ver a Naya con mi hijo, disfrutando,  ver que cada tontería de Pocho provocaba un sonrisa en Iker...son pequeñas cosas que emocionan porque nacen del corazón y son sinceras. 

Esta vez no pudimos contar con mis suegros pero vino mi madre que el año pasado no pudo acudir. Así pues fuimos mis padres, mi mujer, mi hijo de 10 meses, mi hermanito pequeño Rodrigo y servidor. Y como el año pasado nos volvimos a alojar en la posada los Condestables. Pero este año dimos buena cuenta de su spa.

Llegamos el sábado a la hora de comer y después de un buen plato de pasta y algo de pollo fuimos a darnos un chapuzón de agua fresquita al spa. En la posada se alojaba también el gram Shinichi, que tiene el poder de alegrar cualquier evento sólo con su presencia.

Ya por la tarde nos fuimos a recoger el dorsal a la plaza del pueblo y pudimos ver con asombro, y con alegría, que la cantidad de corredores que asistieron a esta carrera el año pasado se había multiplicado por 10 en esta ocasión. Niños, jóvenes, personas de todas las edades, de todos los sexos y de toda condición física se daban cita en la localidad zamorana para correr la que ya va por su tercera edición, la carrera Chema Martínez. Antes de la carrera de 10 y 3.5 kms iba a haber unas cuantas para los peques. Madre mia cómo vienen las nuevas generaciones!! 

Y por allí andaba Chema, haciendo las delicias de los peques y haciéndose fotos con todo el mundo. La gente le quiere una barbaridad y eso es un alegrón porque se lo merece y se lo curra. Debo decir que con la familia Noblejas tuvo un grandísimo gesto ya que pese a estar tremendamente cansado nos llamó para que no fuéramos a tomar un café con él y charlar tranquilamente de lo divino y lo humano. 

Ya metidos en la vorágine y con los nervios propios de antes de la carrera pudimos echar un ojo rapido a la tele. A las seis de la tarde comenzaba el partido que enfrentaba al Barcelona y al Atlético de Madrid con la Liga en juego. Cuando nos pusimos a calentar, aproximadamente unos minutos antes de las 7, ya sabíamos que el conjunto catalán se había adelantado en el marcador lo cual nos dejó un sabor agridulce. Nos centramos muy pronto en la carrera y a las siete y pocos minutos dieron el pistoletazo de salida.

Rodrigo y yo quisimos correr la de tres kilómetros y medio, mi padre correría la de 10 y demostraría hasta qué punto está en la mejor forma de toda su vida. Rodrigo se volvía a colocar un dorsal en el pecho después de una importante operación en la rodilla y de una rehabilitación que ha estado haciendo a conciencia. Por mi parte después del maratón me encontraba en un pico de forma bastante bueno, estaba entrenando series haciendo los kilómetros por debajo de  3.40 y quise aventurarme a esa distancia e ir al tope desde el segundo 1. Mi ilusión era terminar entre los 10 primeros de mi categoría.



He de decir que no recordaba Villalpando tan complicado pero es verdad que este año cambiaron el circuito y la mayoría del tiempo picaba hacia arriba, con lo que me fue imposible bajar de 3.45 el kilómetro. La carrera de 10 km consistía en dar tres vueltas al circuito con lo que, cuando terminara yo mi carrera, podría ayudar a mi padre en sus últimos 4 km. El calor pegaba seriamente y apenas corría el aire lo que también dificultó un poco mi rendimiento en carrera. Cuando divisé la meta iba con la boca seca y las pulsaciones en Cuenca pero con la sensación de haber ido todo lo rápido que pude y de haberlo dado todo. Terminé mi carrera en 13 minutos consiguiendo así entrar el 14 de la general y el sexto en mi categoría, mi objetivo estaba cumplido. Al poco tiempo entró Rodrigo que hizo un carrerón y lo más importante, cruzó meta sin molestias y con un grandísimo sabor de boca. Lo de menos fue el tiempo, lo realmente importante fue que en su cara volvió a brillar el amor por este deporte y la sensación de que dentro de nada le tendremos otra vez volando por las calles.

Y faltaba mi padre. Después de sentarme 2 minutos a beber agua y a bajar un poco las pulsaciones, me fui a una de las esquinas y esperé. Justo antes de salir había empatado el atleti,  quedaba mucho aun. Mientras esperaba me informaron que todo seguía igual, faltaban todavía 10 minutos y el final prometía ser agónico. Cuando vi a mi padre debo decir que le vi con el gesto un poco torcido, creo que el calor también le estaba pasando factura y previsor de mi le estuve esperando con una botella de agua. Le dió dos tragos y me hizo una señal con el pulgar como diciendo que iba bien.

Cuando me puse a tirar de él vi que podía estar entorno a un 4.40 y de hecho a ese ritmo terminó los últimos 4 kms aunque alguno se hizo a 4.35. Cuando nos separaban unos 100 metros de la meta nos informaron que el Atleti ya era campeón de Liga, con lo cual la tarde estaba siendo perfecta. Cruzamos la meta al grito de atleeeeti atleeeti y con los brazos al aire. El tiempo de mi padre estuvo en 46 minutos pelados. Llegó muerto, sin duda puso toda la carne en el asador. 

Chema y su hermano Javier habían entrado de la mano en la carrera de 10 km y David había hecho un gran tiempo en la de tres y medio. Cuando fui a ver en qué posición había quedado yo en la clasificación es cuando saltó la sorpresa o más bien el alegrón. Pude ver que mi padre había quedado campeón de la carrera en la categoría de veteranos E!! cuando se lo dijimos apenas se lo podía creer y su cara era un poema, cuando dijeron su nombre y tuvo que subir al escenario a recoger su premio Chema me miró mostrando su alegría y su sorpresa. Mi padre subió con mi hijo en brazos y disfruto de los cinco minutos de gloria que se merece, ya que ha estado sacrificandose y trabajando y entrenando muy bien para llegar a esa carrera y hacerlo como lo hizo, de sobresaliente.



Ya por la noche y después de festejar todas las alegrías en el spa de la posada pudimos irnos a tomar algo con Shinichi. Nos hicieron una tortilla de patatas que duró 10 minutos!! Qué hambre!! Mas tarde fuimos a tomar una caña con David y más amigos y asi repasar la jugada y volver a hablar de todo. No son muchas las ocasiones que tenemos de juntarnos y momentos así los exprimimos todo lo que podemos. Mi hijo se quedó con los abuelos y por ello no pudimos quedarnos mucho tiempo con ellos. 

Al día siguiente volvíamos a Madrid con una sensación inmejorable, con la victoria de mi padre, con mi sexta posición y con el retorno de Rodrigo a las competiciones. Si Villalpando ya era especial antes de este año a partir de ahora ha adquirido una dimensión mayor.

No puedo pasar la oportunidad de agradecer de corazón el trato que siempre nos brindan los Martínez tanto a mi familia como a mí personalmente. Lejos de la admiración y el terrible respeto que los Noblejas sienten por todos los Martínez, también hay un cariño y un aprecio enorme que espero siga creciendo con el tiempo. 

Mi enhorabuena y total reconocimiento a la labor de mi padre, que ha demostrado que nunca es tarde para perseguir objetivos y que la ilusión y la fe mueve montañas. 

Aún queda la carrera Norte y Sur para ponerle la guinda a una temporada perfecta. Yo perseguiré el 39 y mi padre el 44 pero pase lo que pase esta temporada ha sido genial y la sensación de vivir todo esto con mi familia no tiene precio.

 Esto no va de marca sino de momentos, y ahí tengo yo medallas por un tubo!!